El fotógrafo David Guillén nos relata ‘la vida’ a través de la Royal Mile de Edimburgo

El azar llevó a David Guillén a un pequeño pueblo perdido en el norte de Escocia, como él lo describe, y no iba solo, en la maleta le acompañaba la vieja Pentax de su padre. Ese destino, decidido por la concesión de una beca, y una antigua cámara analógica, a falta de otra más nueva, propiciarían las condiciones perfectas para que se iniciase en la fotografía. De alguna manera, también acabó impartiendo clases de español al dueño de la tienda de fotografía del municipio, a cambio de carretes y de su posterior revelado, siendo este evento otro punto en la lista de circunstancias que harían que acabase atrapado por esta artística profesión.

A la vez que decidió mudarse a Edimburgo, “una ciudad muy cómoda, que te engancha” según explica David, cambió su herramienta de trabajo a una Canon D5. Si embargo, el paso a lo digital no ha conllevado que se lance de cabeza a las nuevas tecnologías, incluido el uso de redes sociales que muchos fotógrafos emergentes consideran el punto de partida. Y aunque confiesa que la noche anterior por fin subió una fotografía a Instagram, le resulta un medio muy confuso. “Es una buena herramienta para dar a conocer tu trabajo pero tiene cierto peligro porque puede ser engañoso”, explica refiriéndose a que el número de likes no es sinónimo de calidad.

“Cualquiera puede hacer fotos pero no cualquiera puede ser fotógrafo”, responde a la eterna pregunta sobre la fotografía profesional. Considera que la diferencia está en “la intención o la idea que hay detrás”. Y en su caso, tras dos años de estudios fotográficos en la capital, tuvo una idea.

A punto de volver a España después de cuatro años de clima escocés, David asiste a una charla de David Eustace, fotógrafo de origen local, en la que descubrir la “forma de vivir y actitud” del segundo le hace reflexionar sobre su siguiente paso. Tras contactarlo y explicarle su idea, el intercambio de e-mails continúa con un café en la casa del fotógrafo, y acaba con el Señor Eustace escribiendo el prólogo de A Tale on the Mile, el primer libro de David Guillén.

David guillen.jpg

A Tale on the Mile está situado en la céntrica y famosa calle Royal Mile (Milla Real). “La idea fue muy rápida y clara, y después se ha ido enriqueciendo”, afirma. Aunque el proceso no ocurrió con tanta brevedad. El conseguir un hueco en la agenda de personas importantes, como el Primer Ministro implicó mucho “trabajo burocrático”. La auto edición tampoco fue fácil, a pesar de ser la opción más viable en estos momentos, pero se llevó a cabo sin presión y sin una ambición más allá que un cierre personal a una etapa.

“Hay que sacrificar mucho”, asegura. Pero ese esfuerzo ha creado una historia que cuenta, a la vez, el ciclo de la vida en general y las sensaciones de renacer que podemos sentir al llegar a un sitio nuevo. Imágenes, citas relevantes y un breve relato se condensan en un libro cuyo formato recuerda a una colección personal de fotografías de Edimburgo, llena de gente que te encantaría poder conocer.

El texto está compuesto por cinco capítulos (protection, system, work, faith y roots), tal y como la propia Royal Mile está dividida. Según relata el narrador del cuento, el protagonista recorre esa larga calle a la vez que reflexiona sobre su vida, al pasar por esas diferentes etapas. Se trata de “la historia de cualquiera de los que nos hemos ido, con la calle como metáfora”, considera David.

A tale on the mile.jpg

Ahora que ha aprendido la lección de que “se puede hacer”, en más o menos tiempo, pero es posible crear algo, David Guillén quiere darle más visibilidad a su trabajo. Algo que muchos fotógrafos, ilustradores o escritores buscan indudablemente, también con escasa o nula ayuda económica. Primero presentará el libro A Tale on the Mile el 13 de octubre a las 6PM en el espacio Saltire Society. Después, su propia Royal Mile le llevará de nuevo a España, con una parada previa en Inglaterra. Los asentados cerca de Manchester, y aquellos que vayan a visitar la ciudad próximamente, podrán disfrutar de una parte de ese cuento con fondo escocés y sentirse identificado con el protagonista, del 2 de noviembre hasta el 20 de enero en el centro del Instituto Cervantes.

Texto y fotos: Ana Fernández

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