El síndrome de la vuelta al cole y los coleccionables del quiosco

Estamos en septiembre. De alguna mágica e increíble manera el verano ha acabado cuando claramente empezó hace apenas unas semanas. Claramente. Es evidente que la velocidad supersónica del tiempo la hemos sentido muchos porque durante la última semana las conversaciones de WhatsApp han consistido en un intercambio de tristes y lastimeros mensajes sobre cómo el verano ha llegado a su fin y lo rápido que ha ocurrido. Algunos padres serán los únicos que no se han visto afectados por esta anormalidad temporal y los dos meses de verano se les han hecho, digamos, un poquito largos.

Una parte de los trabajadores tuvieron que volver a la realidad laboral el día 1 de septiembre; otros, han disfrutado de sus días libres hasta hoy lunes. Por otro lado, no puedo olvidarme de los que no tendrán que regresar a su puesto, pues no han tenido la oportunidad de abandonarlo durante estos meses, ni de los que desearían que hubiese un trabajo al que tener que volver.

El caso es que un gran número de españoles vuelve “al cole”, como los peques, aunque no con el mismo entusiasmo que se muestra en los anuncios de televisión. Se supone que si tienes un empleo que te encanta el proceso es más fácil pero seamos sinceros: ¿cuántos son tan gratificantes, divertidos y emocionantes que te hacen anhelar volver a tu trabajo? Es difícil dejar atrás las actividades de ocio típicas del verano, abandonar la playita, volver del pueblo, vaciar la maleta de ese viaje a Escocia o incluso despedirse de esas horas en el sofá viendo Netflix.

Además de la fatiga y cansancio físico y mental, este mes también implica un momento de decisiones y cambios para muchas personas. Se encuentran con la rutina de siempre y le añaden una lista de propósitos nuevos, como si de año nuevo se tratara. Deben de ser muchos los que pasan por ese proceso porque las empresas se dieron cuenta y han intentado sacar beneficio de esta situación desde hace tiempo. De repente, el 1 de septiembre empieza con los quioscos llenos de colecciones de todo tipo, los gimnasios tienen ofertas especiales para este mes y las academias de idiomas te reiteran con ímpetu que necesitas aprender inglés de una vez y que esta semana es la mejor para ponerse a ello.

El acto de empezar nuevas aficiones en esta época se considera una manera de sobrellevar mejor el famoso, y mil veces mencionado en las noticias de estos días, síndrome postvacacional. Este consejo se suma a la sugerencia de facilitar la reincorporación cambiando nuestros hábitos los días previos a la vuelta definitiva, abandonando el ritmo veraniego y adquiriendo el laboral poco a poco. Pero, claro, hay que tener fuerza de voluntad para decir adiós a las mañanas tardías y a las tardes tranquilas antes de la cuenta.

Quizá sea cierto que el entretenernos con una actividad interesante y diferente desvía nuestra atención del término de las vacaciones, sin embargo también puede añadir un extra de estrés en estos días de adaptación. Tal vez el problema sea realmente nuestro trabajo, el ambiente que nos rodea, esos deprimentes mensajes de móvil, cómo nos enfrentamos personalmente a este momento… O simplemente es inevitable sentirse un poco triste. ¿Tienes alguna recomendación para sobrellevar la particular “cuesta” de esta época del año?

 

Foto y texto de Ana Fernández

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