My Madness : No soy mi talla

Acabo de leer una noticia sobre la campaña #‎EresMásQueTuTalla‬, la cual me ha hecho recordar el artículo que escribí para la revista My Madness tras el lanzamiento de una colección de supuestas tallas grandes. Recupero aquí ese texto de 2014:

“Una 40 no es una talla grande”. Ése es el comentario principal que se puede leer en las redes sociales sobre cierta colección de ropa sacada por cierta marca. Espero que me disculpéis por no mencionar de qué tienda hablo, y haceros buscarla en Google, pero no me han pagado para hacerles publicidad (Google tampoco). Lo cierto es que bastante difusión está teniendo ya de forma gratuita.

Sin duda estoy de acuerdo con el repetido comentario pero, ¿qué es una talla grande? “Grande” es un adjetivo tan subjetivo como el de “alto”. Podemos basarnos en la media de la población para conseguir dar algo de luz a la definición y, aun así, cambiaría drásticamente si comparásemos los resultados con los de otros países.

Según el Ministerio de Sanidad, se considera una talla especial a partir de la 48. La mencionada colección, que lleva nombre de flor, incluye prendas desde la 40 a la 52. Esa primera cifra es la que ha provocado la revolución.

¿Por qué incluir la talla 40, si es de las más utilizadas? Precisamente por eso. Además, ¿por qué no hacerlo? Una mujer que usa una 40 y otra que lleva una 52, las dos, estarán usando el mismo tipo de ropa. ¿Es eso malo? ¿Habría sido mejor sacar la colección desde la 42? ¿44? ¿Qué talla es aceptable? ¿Quizá solo desde 48 a la 52? Entonces se estaría simplemente clasificando a esas mujeres como usuarias de tallas grandes, como en cualquier otra tienda de ese tipo, en vez de incluirlas en la marca. Quizá la mejor solución habría sido añadir estas tallas, que habitualmente no venden, a las ya existentes. Un detalle: en ningún momento se ha presentado la colección usando las palabras “especial” o “tallas grandes”, de eso se han encargado los medios de comunicación.

“La 40 es una talla normal”. Cierto, aunque normal somos todas (o ninguna), independientemente del número que marquen nuestros vaqueros. El problema llega cuando, mezclados con esos, encontramos otros comentarios menos agradables. Hay un error que no se para de cometer: llamar a las mujeres con una talla 36 o 38 anoréxicas. La intención es reconfortar a esa mujer que tiene dudas sobre su cuerpo haciéndole entender que tener más de una S, de una M o L, no es un problema. La idea es evitar que su salud se vea afectada en su esfuerzo por conseguir una 36, cuando está perfecta y no lo necesita. La meta es buena, el camino no.

La anorexia es una enfermedad, como lo es la obesidad, usar cualquiera de las dos como una manera de insulto no tiene defensa. Hay a quiénes la genética les ha regalado un vale ilimitado de ingesta de comida rápida sin consecuencias visibles, por lo que su peso no es el resultado de una enfermedad. Y muchas de ellas odian precisamente eso. Tienen sus propios problemas y se esfuerzan para aumentar de peso. Decir que alguien está demasiado delgado es políticamente correcto, pero nadie mencionaría a otra persona su sobrepeso sin intención de ofender, a pesar de que ambos comentarios pueden herir. Los que se encuentran en esos dos extremos luchan por conseguir sus metas, por cambiar su peso, simplemente lo hacen en direcciones opuestas.

Estamos obsesionados con las cifras y las clasificaciones: pobre o rico, grande o pequeño, bajo o alto, delgado o gordo,… Pero a veces lo estamos incluso más con la idea de lo “normal”. De lo que se debería volver a hablar es de la estandarización de las tallas. De cómo no es lógico tener un rango de variedad de 3 tallas, ¡y en la misma tienda! Qué talla acabaremos usando al final es lo que menos debería importar.

Al igual que no es justo calificar la juventud de una persona con una cifra, pues eso está en el interior y el número se deja para la edad, tampoco tiene sentido identificar la belleza o salud de una mujer por una letra, sin pensar en el resto de características que la definen.

No somos S o XL, no tenemos que etiquetarnos como a la ropa. Somos mujeres, no somos nuestras tallas.

Artículo para My Madness Magazine – 22 enero, 2014

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